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La obesidad es una enfermedad compleja en la que intervienen factores biológicos, ambientales, sociales y conductuales. Sin embargo, quienes viven con ella también pueden enfrentar otro desafío que no aparece en una analítica ni en una báscula: el estigma relacionado con el peso.
La evidencia científica acumulada durante las últimas décadas muestra que los prejuicios y la discriminación hacia las personas con obesidad pueden afectar su bienestar psicológico, sus comportamientos de salud y su relación con los servicios sanitarios.
Un consenso internacional publicado en Nature Medicine en 2020, elaborado por un panel multidisciplinario de 36 expertos y respaldado por organizaciones internacionales relacionadas con obesidad, endocrinología, diabetes y cirugía metabólica, concluyó que el estigma relacionado con el peso es generalizado y puede provocar daños físicos y psicológicos. El documento también señala que las personas que experimentan estigma tienen menos probabilidades de recibir una atención adecuada.
Una enfermedad que afecta a millones
La magnitud del problema de obesidad ha convertido su abordaje en un desafío global de salud pública.
La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de 1.9 mil millones de adultos tienen sobrepeso u obesidad a nivel mundial.
La OMS define el sobrepeso en adultos como un índice de masa corporal (IMC) igual o superior a 25 y la obesidad como un IMC igual o superior a 30, aunque el IMC es una herramienta de clasificación poblacional y no describe por sí solo el estado de salud individual.
En este contexto, reducir la conversación sobre obesidad a una cuestión de voluntad individual puede dejar fuera una parte importante de la evidencia científica.
El consenso internacional publicado en Nature Medicine encontró que las personas con obesidad están expuestas a discriminación en diferentes ámbitos, incluidos el trabajo, la educación y la atención sanitaria.
La revisión señala que, entre adultos con obesidad, los estudios disponibles han encontrado prevalencias de discriminación relacionada con el peso de entre 19% y 42%, con tasas mayores entre las personas con IMC más elevado y entre las mujeres.
La investigación también relaciona el estigma con síntomas depresivos, ansiedad, menor autoestima, aislamiento social y estrés percibido. Además, algunas investigaciones han encontrado asociaciones entre las experiencias de estigma y conductas como evitar la actividad física, adoptar conductas alimentarias poco saludables o retrasar la búsqueda de atención médica.
Esto plantea una paradoja: una conducta que algunas personas consideran “motivadora” puede terminar convirtiéndose en un obstáculo para que quien necesita ayuda se acerque a los servicios de salud.
La evidencia cuestiona la idea de que todo depende de la voluntad
Uno de los principales problemas alrededor de la obesidad es la simplificación de sus causas.
El consenso internacional publicado en Nature Medicine señala que la idea de que el peso corporal depende exclusivamente de decisiones voluntarias —por ejemplo, “comer menos y hacer más ejercicio”— no refleja adecuadamente la evidencia disponible sobre la regulación del peso corporal.
La regulación del apetito y del gasto energético involucra mecanismos biológicos complejos, incluidos procesos hormonales y señales del sistema nervioso central. La predisposición genética, el ambiente alimentario, el sueño, determinados medicamentos, factores psicológicos y condiciones socioeconómicas también pueden influir.
Por eso, los especialistas han llamado a abandonar las explicaciones que presentan la obesidad exclusivamente como consecuencia de falta de disciplina o voluntad.
El sesgo también puede llegar a la consulta médica
La atención sanitaria no está completamente aislada de los prejuicios sociales.
Un estudio publicado en 2026 en PLOS ONE, que analizó las actitudes de 922 profesionales sanitarios en España, encontró la presencia de actitudes estigmatizantes y conceptos erróneos relacionados con la obesidad entre los participantes. Los autores señalaron que estos sesgos pueden afectar la calidad de la atención y el acceso de las personas con obesidad a los servicios sanitarios.
El estudio también encontró que una proporción importante de los profesionales participantes consideraba la obesidad principalmente desde una perspectiva de responsabilidad individual, lo que los investigadores identificaron como un área que requiere mayor formación sobre la naturaleza multifactorial de la enfermedad.
Estos resultados deben interpretarse teniendo en cuenta que se trató de una muestra voluntaria y no probabilística de profesionales vinculados a organizaciones académicas y profesionales relacionadas con la obesidad.
Cambiar las palabras también importa
El lenguaje utilizado para hablar sobre obesidad puede contribuir a reforzar o reducir el estigma.
El consenso internacional recomienda utilizar un lenguaje que coloque a la persona antes que la enfermedad. En lugar de definir a alguien como “obeso”, por ejemplo, propone expresiones como “persona con obesidad”.
La recomendación busca evitar que una condición médica se convierta en la identidad principal de una persona.
El documento también plantea que los medios de comunicación, instituciones académicas, organizaciones profesionales y autoridades sanitarias tienen un papel importante en la construcción de una narrativa pública más acorde con la evidencia científica.
Crear espacios de atención más respetuosos
Reducir el estigma tampoco depende únicamente del lenguaje.
Los entornos sanitarios deben considerar las necesidades físicas y emocionales de las personas con diferentes tamaños corporales. Esto incluye disponer de equipos médicos adecuados, mobiliario accesible y condiciones que permitan recibir atención sin situaciones innecesarias de incomodidad o humillación.
El objetivo es que la persona pueda concentrarse en lo más importante: recibir una evaluación médica adecuada y conversar con su profesional de salud sobre las alternativas disponibles.
La conversación médica como punto de partida
En este contexto, Adium impulsa la campaña “Hablar te quita un peso de encima”, una iniciativa orientada a promover conversaciones médicas sobre obesidad desde una perspectiva de acompañamiento y atención integral.
La propuesta busca que la consulta médica permita abordar aspectos como antecedentes clínicos, enfermedades asociadas, salud metabólica, alimentación, actividad física, bienestar emocional y las diferentes alternativas terapéuticas disponibles.
El tratamiento de la obesidad puede incluir intervenciones sobre alimentación y actividad física, apoyo conductual, atención de salud mental, medicamentos aprobados y, cuando corresponde, procedimientos o intervenciones quirúrgicas. La elección depende de la evaluación clínica y de las necesidades particulares de cada persona.
Dejar atrás la culpa
La evidencia disponible no respalda una visión de la obesidad basada exclusivamente en la responsabilidad individual.
Por el contrario, los expertos internacionales que participaron en el consenso publicado en Nature Medicine concluyeron que el estigma y la discriminación relacionados con el peso pueden perjudicar la salud, vulnerar derechos y convertirse en una barrera para la prevención y el tratamiento.
Abordar la obesidad desde una perspectiva médica no significa ignorar los hábitos de vida. Significa reconocer que los hábitos forman parte de un sistema mucho más amplio de factores biológicos, ambientales, sociales y psicológicos.
La conversación puede comenzar con una pregunta sencilla:
¿Cómo podemos hablar de obesidad sin convertir el diagnóstico en un juicio sobre la persona?
Quizás una parte de la respuesta esté precisamente ahí: reemplazar la culpa por información, el prejuicio por evidencia y el juicio por acompañamiento.
Sobre Adium
Con 50 años de experiencia y presencia en 18 países, Adium se ha consolidado como una compañía farmacéutica con operaciones en Latinoamérica. La empresa desarrolla alianzas para acercar tratamientos innovadores y cuenta con presencia productiva en Argentina, Brasil, México, Paraguay y Uruguay.

